29 feb. 2012

Extracto de "Fragmentos de una enseñanza desconocida". Ouspensky


Las preguntas que se me hacen, nos dijo un día G., a menudo se relacionan con textos o parábolas de los Evangelios. A mi parecer, todavía no ha llegado para nosotros el momento de hablar de los Evangelios. Esto requeriría mayor conocimiento. Pero de vez en cuando, tomaremos ciertos textos de los Evangelios como puntos de partida para nuestras conversaciones. De esta manera ustedes llegarán a leerlos como es debido, y sobre todo a comprender que generalmente faltan los puntos más esenciales en los textos conocidos por nosotros.

"Tomemos para comenzar el texto bien conocido sobre la semilla que tiene que morir para nacer. 
«Si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, queda solo; pero si muere, lleva mucho fruto» 11

"Este texto tiene múltiples significaciones y volveremos a él a menudo. Pero ante todo, es indispensable reconocer que el principio que contiene se aplica cabalmente al hombre.

"Hay un libro de aforismos que nunca ha sido publicado y que probablemente no lo será jamás. Ya he hablado de él cuando nos preguntábamos sobre el sentido del saber, y el aforismo que les he citado ha sido extraído de él.

"Con referencia a lo que estamos hablando ahora, este libro decía:

«El hombre puede nacer, pero para nacer primero debe morir; y para morir, primero debe despertar.»

"En otra parte, este mismo libro dice:

«Cuando el hombre despierta, puede morir; cuando muere, puede nacer.»
"Debemos comprender lo que esto significa." «Despertar», «morir», «nacer». Estas son tres etapas sucesivas. Si estudian los Evangelios con atención, verán que se trata a menudo sobre la posibilidad de «nacer», pero los textos no hablan menos de la necesidad de «morir», y también muy a menudo de la necesidad de «despertar»: 
 
«Velad, porque no conocéis ni el día ni la hora...»

Pero estas tres posibilidades: despertar (ó no dormir), morir, y nacer, no se ponen en relación una con otra. Sin embargo, toda la cuestión está allí. Si un hombre muere sin haber despertado, no puede nacer. Si un hombre nace sin haber muerto, puede devenir una «cosa inmortal». Así, el hecho de no haber «muerto» impide que el hombre «nazca»; y el hecho de no haber despertado le impide «morir»; y de haber nacido antes de «morir», este hecho le impedirá «ser».

"Ya hemos hablado lo suficiente del significado del «nacimiento». Nacer no es sino otra palabra para designar el comienzo de un nuevo crecimiento de la esencia, el comienzo de la formación de la individualidad, el comienzo de la aparición de un «Yo» indivisible.

"Pero para ser capaz de alcanzarlo, o al menos de entrar en este camino, el hombre debe morir; esto quiere decir que debe liberarse de una multitud de pequeños apegos y de identificaciones que lo mantienen en la situación en que se encuentra actualmente. En su vida tiene apego por todo, está apegado a su imaginación, apegado a su estupidez, apegado aun a sus sufrimientos — y quizás a sus sufrimientos más aún que a cualquier otra cosa. Debe liberarse de este apego. El apego a las cosas, la identificación con las cosas, mantienen vivientes en el hombre un millar de «yoes» inútiles. Estos «yoes» deben morir para que el gran Yo pueda nacer.

Pero ¿cómo se puede hacerlos morir? No quieren morir. Es aquí donde la posibilidad de despertar viene en nuestra ayuda. "Despertar significa darse cuenta de su propia nulidad, es decir, darse cuenta de su propia mecanicidad, completa y absoluta, y de su propia impotencia, no menos completa ni menos absoluta. Pero no basta comprenderlo filosóficamente con palabras. Hay que comprenderlo con hechos sencillos, claros, concretos, con hechos que nos conciernen. Cuando un hombre comienza a conocerse un poco, ve en sí mismo muchas cosas que no pueden dejar de horrorizarlo. En tanto que un hombre no se horrorice, no sabe nada sobre sí mismo.

"Un hombre ha visto en sí mismo algo que lo horroriza. Decide deshacerse de esto, eliminarlo, acabar con ello. Sin embargo, siente que a pesar de sus esfuerzos no puede hacerlo, que todo permanece como antes. Entonces verá su impotencia, su miseria y su nulidad; o también, cuando comienza a conocerse a sí mismo, un hombre ve que no posee nada, es decir que todo lo que él consideraba como suyo, sus ideas, sus pensamientos, sus convicciones, sus hábitos, aun sus defectos y sus vicios, nada de todo esto le pertenece: todo ha sido tomado de cualquier parte, todo ha sido copiado tal cual es. El hombre que siente esto puede sentir su nulidad. Al sentir su nulidad, no por un segundo ni por un momento, sino constantemente, un hombre se verá tal cual es en realidad, y no lo olvidará jamás.

"Esta conciencia continua de su nulidad y de su miseria, finalmente le dará el valor para «morir», es decir para morir no simplemente en su mente, o en teoría, sino morir de hecho, y renunciar positivamente y para siempre a todos estos aspectos de sí mismo que no ofrecen ninguna utilidad desde el punto de vista de su crecimiento interior, o que se le oponen. Estos aspectos son ante todo su «falso Yo», y luego todas sus ideas fantásticas sobre su «individualidad», su «voluntad», su «conciencia», su «capacidad de hacer», sus poderes, su iniciativa, sus capacidades de decisión, y así sucesivamente.

"Más para llegar un día a ser capaz de ver una cosa todo el tiempo, hay que verlo primero una vez, aunque sea por un segundo. Todos los nuevos poderes, todas las capacidades de realización, vienen de una sola y misma manera. Al comienzo se trata sólo de raras vislumbres que no duran sino un instante; luego éstas pueden reproducirse más a menudo y durar cada vez más tiempo, hasta que al fin, después de un larguísimo trabajo, se vuelven permanentes. La misma ley se aplica al despertar. Es imposible despertar completamente de un solo golpe. Hay que comenzar primero por despertar durante muy breves instantes. Pero hay que morir de golpe y para siempre, después de haber hecho un cierto esfuerzo, después de haber triunfado sobre un cierto obstáculo, después de haber tomado una cierta decisión, de la cual no se puede retroceder. Esto sería difícil y aun imposible, si no se hubiera hecho anteriormente un despertar lento y gradual.

''Pero hay miles de cosas que impiden que el hombre despierte y que lo mantienen en poder de sus sueños. Para actuar conscientemente con la intención de despertar, hay que conocer la naturaleza de las fuerzas que retienen al hombre en el sueño.

"Ante todo, hay que comprender que el sueño en el cual existe el hombre no es un sueño normal, sino hipnótico. El hombre está hipnotizado, y este estado hipnótico está mantenido y reforzado continuamente en él. Todo pasa como si hubiera ciertas «fuerzas» para las cuales sería útil y beneficioso el mantener al hombre en un estado hipnótico, con el fin de impedirle que vea la verdad y que se dé cuenta de su situación.

"Cierto cuento oriental habla de un mago muy rico que tenía numerosos rebaños de ovejas. Este mago era muy avaro. No quería contratar pastores, y no quería cercar los prados donde pacían sus ovejas. Las ovejas se extraviaban en el bosque, se caían de los barrancos, se perdían, y sobre todo se fugaban cuando se aproximaba el mago, porque sabían que él quería su carne y su piel. Y a las ovejas esto no les agradaba.

"Por fin, el mago encontró el remedio. Hipnotizó a las ovejas y les sugirió primeramente que eran inmortales, y que no les haría ningún daño el ser despellejadas, que al contrario este tratamiento era excelente para ellas, y aun agradable; luego el mago les sugirió que él era un buen pastor que amaba mucho a su rebaño, que estaba dispuesto a hacer toda clase de sacrificios por ellas; en fin, les sugirió que si les llegase a suceder la menor cosa, eso no ocurriría en ningún caso ahora, ese mismo día, y que por consiguiente no tenían que preocuparse. Después el mago les metió en la cabeza que de ninguna manera eran ovejas; sugirió a algunas que eran leones, a otras que eran águilas, y a otras que eran hombres o que eran magos.

"Hecho esto sus ovejas no le causaron más molestias ni preocupación. No se escapaban más, esperando por el contrario con serenidad el instante en que el mago las esquilara o las degollara.

"Este cuento ilustra perfectamente la situación del hombre.

"En la literatura llamada «oculta», ustedes probablemente han encontrado las expresiones «Kundalini», «el fuego de Kundalini» o «la serpiente de Kundalini». Estos términos se emplean a menudo para señalar un poder extraño latente en el hombre que puede ser despertado. Pero ninguna de las teorías conocidas da la verdadera explicación de la fuerza de Kundalini. Esta fuerza se atribuye a veces al sexo, a la energía sexual, es decir se asocia a la idea de que es posible emplear la energía del sexo para otros fines. Esta última interpretación es completamente errónea, porque Kundalini puede estar en todas las cosas. Y sobre todo, Kundalini no es en ningún caso algo deseable o útil para el desarrollo del hombre. Es muy curioso notar cómo los ocultistas se han valido de una palabra cuya significación han alterado completamente, logrando hacer de esta muy peligrosa fuerza un objeto de esperanza y una promesa de bendición.

"En realidad, Kundalini es el poder de la imaginación, el poder de la fantasía, que usurpa el lugar de una función real. Cuando un hombre sueña en vez de actuar, cuando sus sueños toman el lugar de la realidad, cuando un hombre se toma a sí mismo por un león, un águila o un mago, es la fuerza de Kundalini que actúa en él. Kundalini puede actuar en todos los centros, y con su ayuda todos los centros pueden satisfacerse, ya no en lo real sino en lo imaginario. Una oveja que se toma a sí misma por un león o por un mago, vive bajo el poder de Kundalini.

"Kundalini es una fuerza que ha sido introducida en los hombres para mantenerlos en su estado actual. Si los hombres pudieran darse cuenta realmente de su situación, si pudieran darse cuenta de todo el horror de esto, serían incapaces de seguir siendo como son, ni siquiera por un segundo. Comenzarían en seguida a buscar una salida, y la encontrarían muy rápidamente porque hay una salida; pero los hombres no la ven, simplemente porque están hipnotizados.

Kundalini es la fuerza que los mantiene en un estado de hipnosis.

Para el hombre, despertar significa estar «deshipnotizado». Allí está la dificultad principal, pero es igualmente allí donde encontramos la garantía de la posibilidad del despertar, porque no hay legitimación orgánica para tal sueño — el hombre puede despertar.

"Teóricamente, lo puede hacer, pero prácticamente es casi imposible, porque tan pronto un hombre abre los ojos, despertando por un momento, todas las fuerzas que lo retienen en el sueño ejercitan de nuevo sobre él una fuerza diez veces más fuerte, e inmediatamente recae en el sueño, muy a menudo soñando que está despierto o que está despertando.

"En el sueño ordinario, en ciertos casos un hombre quisiera despertar, pero no puede. Se dice que está despierto, pero en realidad continúa durmiendo — y esto puede producirse repetidas veces antes de que por fin despierte. En el caso del sueño ordinario, una vez despierto el hombre se encuentra en un estado diferente; pero en el caso del sueño hipnótico, es otra cosa: no hay signos objetivos, al menos cuando uno comienza a despertar; el hombre no se puede pellizcar para ver si está dormido. Y si un hombre — que Dios lo guarde — ha oído hablar alguna vez de signos objetivos, Kundalini los transforma inmediatamente en imaginación y ensueños.

"Por no darse cuenta cabalmente de la dificultad de despertar, es imposible comprender la necesidad de un trabajo largo y duro para despertar.

"Por lo general, ¿qué es necesario para despertar a un hombre dormido? Se necesita un buen choque. Pero cuando un hombre está profundamente dormido, un solo choque no es suficiente. Se necesita un largo período de choques incesantes. Por lo tanto tiene que haber alguien para administrar estos choques. He dicho antes que un hombre deseoso de despertar tiene que contratar a un ayudante que se encargue de sacudirlo durante largo tiempo. Pero ¿a quién puede contratar si todo el mundo duerme? Contrata a alguien para que lo despierte, pero éste también cae dormido. ¿De qué le sirve? En cuanto a un hombre realmente capaz de mantenerse despierto, es probable que rehusará perder su tiempo despertando a los demás. Puede tener su propio trabajo, mucho más importante para él. 

"Hay también la posibilidad de despertar por medios mecánicos. Se puede usar un reloj despertador. Pero por desgracia uno se acostumbra demasiado rápidamente a cualquier despertador; simplemente deja de oírlo. Se necesitan entonces muchos despertadores, con timbres variados. Un hombre debe literalmente rodearse de despertadores que le impidan dormir. Pero aquí nuevamente surgen dificultades. Hay que darles cuerda a los despertadores; para darles cuerda uno tiene que acordarse de ellos; a fin de acordarse de ellos uno tiene que despertar a menudo. Pero lo que es aún peor, un hombre se acostumbra a todos los despertadores, y después de cierto tiempo sólo le sirven para dormir mejor. Por consiguiente, hay que cambiar los despertadores continuamente, y es necesario siempre inventar nuevos. En el curso del tiempo, esto puede ayudar al hombre a despertar. Pero hay muy poca probabilidad de que un hombre haga todo este trabajo, de dar cuerda, inventar y cambiar despertadores, todo por sí mismo, sin ayuda de afuera. Lo más probable es que habiendo comenzado este trabajo, no tardará en dormirse, y dormido soñará que inventa despertadores, que les da cuerda y que los cambia — y como ya lo he dicho, con esto sólo dormirá mejor.

"Por consiguiente, para despertar, se necesita toda una combinación de esfuerzos. Es indispensable que haya alguien para despertar al durmiente; es indispensable que haya alguien para vigilar al que lo despierta; hay que tener despertadores, y también hay que inventar constantemente nuevos despertadores.

"Pero para llevar a cabo este propósito y obtener resultados, cierto número de personas deben trabajar en conjunto.

"Un hombre solo no puede hacer nada."Antes que nada, necesita ayuda. Pero un hombre solo no puede contar con ayuda. Aquellos que son capaces de ayudar, valorizan su tiempo en un precio muy alto. Naturalmente prefieren ayudar, digamos, a veinte o treinta personas que quieren despertar, más bien que a una sola. Además, como ya lo he dicho, un hombre puede engañarse fácilmente sobre su despertar, tomando por despertar lo que es simplemente un nuevo sueño. Si varias personas deciden luchar juntas contra el sueño, se despertarán mutuamente. Sucede muy a menudo que veinte de ellos duermen, pero la vigésima primera se despertará, y despertará a las demás. Lo mismo' pasa con los despertadores. Un hombre inventa un despertador, un segundo inventa otro, después podrán hacer un intercambio. En conjunto pueden ser entre sí de gran ayuda, y sin esta mutua ayuda nadie puede lograr nada.

"Por lo tanto, un hombre que quiere despertar tiene que buscar otras personas que también quieran despertar, a fin de trabajar con ellas.

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*11
San Juan, XII, 24.